16 nov 2022

Visita al parque arqueológico del Cerro de las Cabezas (Valdepeñas)

El 12 de noviembre de 2022 la Asociación organizó un viaje a Valdepeñas para visitar el interesante parque arqueológico del Cerro de las Cabezas.

 Se trata de una de las pocas ciudades iberas conservadas en su totalidad en la península ibérica. Situada a 8 km de Valdepeñas, junto a la autovía A-4, dirección Córdoba, se denomina Cerro de las Cabezas porque los tres montículos que se ecuentran en el mismo, asemejan a una cabeza humana.

  La razón por la cual se asentaron aquí los iberos de la época (siglo VII a. C. en plena Edad del Hierro), fue porque, aparte de ser una zona bien defendida tanto por la elevación del terreno como por estar próxima al río Jabalón, se trataba de un nudo estratégico de paso de las civilizaciones vecinas. A través de las rutas de comunicación llegan productos e influencias fenicias, griegas y cartaginesas, desde los puertos del Mediterráneo. Estas influencias, derivadas de las relaciones comerciales, tendrán reflejo en aspectos económicos, urbanísticos, sociales e incluso religiosos de la ciudad. 




  Se puede afirmar que la primera ocupación del Cerro de las Cabezas se produjo durante la etapa del Bronce Final y comienzo de la Edad del Hierro, en los siglos VIII y VII a.C. Durante los siglos VI y V a.C. se producen una serie de circunstancias que facilitan el nacimiento de la cultura ibérica. Los Iberos abandonaron este yacimiento en el siglo II a. C. a raíz de la conquista de los romanos de nuestra península en las guerras púnicas. El abandono fue total y ninguna civilización posterior se asentó en el mismo. 

  Este magnífico yacimiento constituye un punto de referencia de la cultura íbera gracias a la buena conservación que presentan sus estructuras: santuarios, urbanismo, almacenes, hornos, murallas etc… Tal vez, una de las razones que indujo a los romanos a no asentarse en este emplazamiento fuera el hecho de que ni en este lugar y ni en sus proximidades existan materiales y minerales en el subsuelo. Tampoco se establecieron otros pueblos posteriores, como visigodas, árabes, etc., por lo que se encuentra perfectamente conservado. 


  La superficie total del yacimiento es de 14 hectáreas, es decir como 14 campos de futbol. Hasta el momento se ha excavado apenas un 10 por ciento del total del poblado. Las excavaciones comenzaron en 1984, a raíz de la construcción de la autovía A-4, cuyo trayecto inicial previsto pasaba por el mismo yacimiento. Esta fue la razón de que un grupo de jóvenes arqueólogos comenzaran a excavar para demostrar la importancia del asentamiento. Ello obligó a modificar el trazado inicial, si bien no se evitó que quedara ligeramente afectado por la parte que comunicaba el poblado con el río Jabalón. 

Se trata de un asentamiento fortificado, oppidum (es decir, ciudad ibera fortificada) de la Edad del Hierro, que representa uno de los mejores ejemplos de la cultura ibérica del actual territorio castellanomanchego. Destaca la monumentalidad de sus sistemas defensivos y la buena conservación que presentan en general los restos exhumados. Las estructuras arquitectónicas excavadas (acrópolis, santuario, calles, viviendas, almacenes, hornos cerámicos, desagües… etc.), y los abundantes materiales arqueológicos asociados (cerámicas, metales, marfil, terracotas, etc.) han permitido conocer la vida diaria, las costumbres e incluso las creencias religiosas y gustos estéticos de una sociedad gentilicia perfectamente organizada, donde la agricultura, junto con la ganadería, la producción cerámica y el comercio, propiciaron un importante desarrollo de esta ciudad hace más de 2.500 años. Debido a la relevancia de los restos encontrados para el conocimiento del mundo ibérico en la Meseta Sur y por extensión en la Península Ibérica, junto con la existencia de unas infraestructuras para la interpretación del yacimiento y el entorno paisajístico que explica la elección de este lugar para la fundación del asentamiento, se ha realizado la declaración del Cerro de las Cabezas como Parque Arqueológico, el séptimo de Castilla-La Mancha. 

  En la zona excavada del yacimiento, que es la parte baja de la falda del cerro, donde se conservan perfectamente y en buen estado todas la dependencias y viviendas, éstas aparecen edificados sobre terrazas, al objeto de evitar la pendiente del cerro, de forma que todos los edificios construidos lo estaban en una superficie totalmente plana, con caminos y calles dentro del mismo para la delimitación de las terrazas y favorecen así la escorrentía de las aguas cuando llovía de forma que no afectaran a las casas, ya que el desnivel del cerro es considerable. 

  La cerámica era la principal actividad artesanal, beneficiada por el torno alfarero (introducido por fenicios y griegos) que permitió la producción en serie. A partir del siglo V a. C., especialmente en Andalucia y Levante, se impuso la producción con torno a gran escala apareciendo formas (kalathos) y decoraciones geométricas y vegetales, figuras animales y humanas estilizadas propias de la cultura ibérica.




 
Junto al yacimiento se encuentra el Centro de Interpretación, dotado de un gran aparcamiento, zona administrativa, aulas para actividades extraescolares, talleres y salas de trabajo arqueológico, un albergue-restaurante con dormitorios, baños y zona de esparcimiento, un taller de Arqueología y Restauración, un Centro de Estudios Ibéricos donde se dispone de salón de usos múltiples, almacenes y salón de actividades escolares y un taller de estudio arqueológico. 

En el Centro de Interpretación se han reproducido dependencias y edificios existentes en su día en esta gran “opidum”, con representación de utensilios, forma de vida, tipo de armamento bélico la lanza y la falcata), cultura de la muerte y forma de vida de los Iberos de la época, realizados a escala y con la simulación de los materiales de la época, tanto del adobe como del esparto, utensilios etc... 

 

Nuestro agradecimiento especial a Marielo y Víctor que con sus documentadas explicaciones contribuyeron a hacer mucho más provechosa y agradable nuestra visita.

 

  Tras la visita al yacimiento, nos desplazamos a la vecina Valdepeñas y, tras la comida en un restaurate de la localidad, nos desplazamos al Museo Municipal, ubicado en una antígua casa solariega del siglo XVI, para visitar las salas donde se exponen, de manera permanente, algunas de las numerosas piezas halladas en el Cerro de las Cabezas y que nos fueron explicadas por su guía en un interesantísimo y detenido recorrido.